|
TACTO
Vengo desde mi propia hondura hasta tu extremo vivo
y te siento fluir casi líquido
del anular al índice
y abrir insospechados abanicos.
Tú entiendes el sabor oscuro e íntimo
de las cosas que entreabren
sus mínimas entradas de delicia.
Cuando era yo aún cautivo dentro
de una tibia rosa femenina
supe cómo mi madre se ponía ya lívida.
Después sentí el purpúreo destello de los besos
y de los terciopelos la entrada submarina.
Te busqué luego dentro de la carne encendida
pero estabas afuera ardiendo en lo inasible
y dejaste mis manos ahogadas en caricias.
Hallé tu estatua de oro en la hondura del vino
y tu caja de estrellas en el mármol pulido.
Descubrí en los arcángeles aspectos femeninos
y en las muchachas breves nacimientos de liquen.
Deja ahora sentirte en mi fondo infinito,
en el secreto lazo de la piel con la muerte
a la que voy seguro conociendo sus límites.
Los dioses te pudieron también sentir un día
recorriéndoles la orla divina del vestido.
|